Cambios en la temporada estival

Con la llegada del verano sufrimos cambios en nuestro ritmo de vida. Aquí van una serie de consejos para afrontar la temporada estival.

Conciliar el sueño en verano

El verano está a la vuelta de la esquina y con él el cambio de rutinas y de hábitos incluyendo los períodos de comida y sueño.

Dormir no es perder el tiempo: un adulto necesita dormir de 7 a 8 horas para estar despierto 16-17 y durante ese tiempo estar en buena forma física y mental para poder realizar sus actividades diarias. Hay que recordar que el sueño está regulado por un reloj interno y que de su buen funcionamiento va a depender el sueño y en consecuencia la vigilia. Los sincronizadores que “ponen en hora” este reloj son la luz, la actividad física, los horarios de las comidas y el contacto social, factores que habitualmente cambian en verano. Tan solo hay que fijarse en la luz solar: durante el día impide que se segregue Melatonina (hormona del sueño). Por el contrario, cuando llega la oscuridad el organismo empieza a fabricar Melatonina y por eso dormimos.

En verano los horarios cambian, oscurece unas 3 horas más tarde que en invierno, lo que va a favorecer que la secreción de Melatonina se retrase. Además, es en esta época del año cuando se suele estar de vacaciones lo que implica que hay más relaciones sociales y que en consecuencia, se pasa más tiempo fuera de casa, especialmente en las últimas horas del día. Todo ello favorece que la secreción de Melatonina se retrase y se duerma más tarde.

Por ello, es conveniente tener una serie de pautas para dormir mejor en verano:

Asegurarse de tener la habitación con unas condiciones adecuadas de temperatura, humedad, ruidos y de luz. Si es necesario usar tapones para los oídos o un antifaz.

Es verano, es comprensible trasnochar de vez en cuando. Si se llega a casa activado y sin sueño, es preferible no acostarse inmediatamente. Hay que relajarse antes (tomarse un vaso de leche o hacer alguna actividad que provoque una relajación natural como leer) y luego irse a la cama.

Intentar llevar unos horarios lo más regulares posibles y dormir de 7 a 8 horas por noche, levantándose todos los días a la misma hora aproximadamente.

Una siesta de unos 20 minutos es muy recomendable, especialmente si no se llega a ese mínimo de horas de sueño nocturno.

Recordar que uno de los sincronizadores de nuestro reloj interno es el ejercicio físico. Es recomendable marcarse una rutina diaria de ejercicio, si puede ser al aire libre (con luz) y por la mañana mejor. Es importante evitar el ejercicio físico intenso en las 3 horas previas al sueño, pues es un potente activador que favorece el retraso del sueño.

Por la noche hay que intentar exponerse lo mínimo posible a la luz. Hay que tener en cuenta que los ordenadores, el móvil o las tabletas son una fuente de luz potente que hay que evitar en las horas previas al sueño.

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